mayo 25, 2019

Madres Emprendedoras: El umbral entre la Libertad y la Atadura

Madres Emprendedoras: El umbral entre la Libertad y la Atadura
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Para nadie es un secreto que los arquetipos de la mujer han cambiado en las últimas generaciones. Observamos como hace medio siglo atrás la mujer estaba doblegada al ámbito de lo privado, a lo familiar y lo doméstico. Vimos como el área de la ciencia, la política y los negocios, eran campos exclusivos de lo “masculino”, donde la mujer no tenía mayor participación.

Se podría decir que gracias a las luchas reivindicativas de sectores igualitarios, la mujer pasó a tomar roles más protagónicos en la sociedad. No obstante, otros sectores un poco radicales en la actualidad, establecen que las mujeres siguen siendo hoy en día igual de explotadas como lo fueron hace décadas atrás. Sólo que esas formas de opresión han mutado a otras un poco menos evidentes para la colectividad.

Analizando nuestra historia, vemos como hace 20 años las iniciativas de proyectos y emprendimientos sociales llegaron a un gran auge, siendo mecanismos efectivos para superar la pobreza y empoderar ciertos sectores vulnerables, como la mujer. Actualmente, éstas evolucionaron y se centraron en la idea de generar riqueza; discursos como: “Sé tu propio jefe, libertad financiera, ingresos extras y emprende tu propio negocio” más que una moda, se convirtieron en un estilo de vida que tomaron como suyas las nuevas generaciones. Sobre todo los Millennials, cuyos objetivos de vida se sintetizan a no pasar más de 8 horas diarias en una oficina, recibiendo un pequeño salario, ayudando a su jefe a cumplir sus sueños y no los suyos propios.

No obstante, estos conceptos que están en boga en la cosmopolita latinoamericana, pasan a sufrir fuertes contradicciones en estas sociedades que aún se encuentran en vías de desarrollo, con democracias débiles y que aún no están preparadas para ejercer en la práctica conceptos tan amplios y complejos como la libertad.

Por ejemplo, sorprende como el emprendimiento de la mujer peruana, registra uno de los índices más altos de la región.  En un estudio del Global Women Entrepreneur Leadership Scorecard (2015), señala que el Perú es uno de los países con las mejores condiciones para el desarrollo de las mujeres emprendedoras. Colocándolas en el número 15 a nivel mundial, y en tercer (3º) lugar a nivel latinoamericano, superadas sólo el caso de chile y México.

Igualmente, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables expresa que cerca del 36% de las mujeres peruanas a nivel nacional son emprendedoras, y que del universo total de emprendedores, el 75% son mujeres. Pero en oposición, el Banco Mundial establece que el Perú es uno de los países con menor nivel de inclusión financiera, donde sólo el 22% de la población tiene una cuenta bancaria. Esto lo reafirmaría el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, cuando según declaraciones de la Ex Ministra  Cayetana Aljovín, expresara que un 37% de las mujeres emprendedoras accedían al sistema de crédito pero de manera informal.

¿Qué quieren decir estas cifras? Que si bien el Perú es reconocido como un país de naturaleza emprendedora, y que a pesar de políticas estatales para el apoyo a las mujeres; aún el sistema público tiene fuertes debilidades en la formalización y perdurabilidad de estas microempresas, y que el sistema financiero privado es burocrático en sus procesos y no generan la suficiente confianza o facilidades para apoyar a la pequeña y mediana inversionista.

Esto demuestra que por un lado se nos expone una realidad alentadora para las mujeres y sus emprendimientos, pero por otro lado vemos que en Perú la Pobreza sigue teniendo rosto de mujer. Donde las mujeres tienen un 30%  de ingreso menor que el sector masculino, y que de las 6 millones de las trabajadoras peruanas; el 78,4% son informales (ONU– 2018)

Con esto, vemos que ser mujer y madre emprendedora en estos contextos latinos, es trabajar 24/7, pero vender el discurso de libertad horaria; es ser independiente, pero estar en el mercado informal; es ser mujer empoderada en el día, pero doméstica en la noche; es ser tu propio jefe, pero cumpliendo con las necesidades del esposo; es llamarse moderna, pero tradicionalmente encargarse de buscar a los niños al  colegio, lavar su uniforme y ayudarlos con sus asignaciones escolares; es expresar que lo importante son tus aportes a la sociedad, pero es mejor decirlo luciendo un cuerpo fitness; es luchar contra un sistema de gobierno y financiero que te apoya, pero que al mismo tiempo te hunde; pero sobre todo, ser madre emprendedora es experimentar agotadamente el fracaso al final del día, pero inspirar a tus hijos y a clientes en la mañana siguiente.

En conclusión, ser madre emprendedora es convivir con las contradicciones; haciendo lo mejor que sabe hacer: luchar por un futuro, insistir contra todo y al final salir vencedora.

Sólo nos queda desde esta tribuna, honrar a todas estas madres que decidieron emprender y vivir desde la libertad y la atadura.

About The Author

Licenciado en Educación de la Universidad Central de Venezuela, en las especialidades de “Desarrollo de los Recursos Humanos” y “Gerencia de Proyectos Sociales”, respectivamente. Ex profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, con diplomaturas avaladas por Universidades internacionales como: The George Washington University (EEUU) y Universidad de Salamanca (España). Con experiencia profesional como Gerente Público, Coach en Emprendimiento social y económico, Facilitador en Liderazgo Transformador y Consultor Organizacional. Actualmente se desempeña como Manager Inmobiliario en la trasnacional líder en Bienes Raíces en el Perú. Sígueme en Instagram: @Orlando_Emprende

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