julio 13, 2019

Emprendimiento latino: La eterna Cenicienta

Emprendimiento latino: La eterna Cenicienta

Concibo a Latinoamérica como uno de los territorios más contradictorios que podamos imaginar. Han pasado menos de 5 años que el Banco Mundial nos catalogase como “La región más emprendedora del mundo”; y paralelamente a esto, también somos reconocidos por nuestros bajos niveles de innovación y formalidad. Con esto, nos preguntamos: ¿Es posible hablar de emprendimiento conviviendo con la informalidad y la no innovación?

En principio; conceptualmente, no. Cuando hablamos de emprendimiento tenemos que dirigirnos directamente al tema de la institucionalidad. Porque estar al margen de la legalidad/formalidad impide el desarrollo. Trayendo consigo una serie de problemas que son contraproducentes para la propia capacidad emprendedora: sanciones tributarias, desprotección al consumidor, desconfianza, inaccesibilidad a sistemas crediticios, imposibilidad de expansión, etc; y lo peor para nuestras naciones: la oxigenación de la pobreza.

Lo mismo pasa con la innovación, ¿Cómo catalogarnos como emprendedores, sin ser innovadores? A mi entender, un concepto no puede estar separado del otro; y no es que me tome la osadía de contradecir al Banco Mundial; ya que ellos están muy conscientes de la realidad latinoamericana: una población emprendedora que teme o se le imposibilita dar el paso a la formalidad, y unas empresas formalizadas que por años se encuentran dormidas en el tradicionalismo. Combinación nefasta que sigue hundiendo a Sudamérica en el eufemismo de ser los eternos “Países en vías de desarrollo” que no terminan nunca de superarse; de esas generaciones que han sido incapaces realmente de desarrollarse, de eliminar esas brechas de desigualdad, y mucho menos de convertirse en una región potencia.

Posiblemente, en nuestra mente colectiva como conjunto latinoamericano, seguimos centrados en dar poder y fuerza a la figura del Estado dador, gestor y controlador; seguimos pensando que la economía debe estar subordinada a una mano invisible de un Estado que regula y administra la cosa pública, sin comprender que el desarrollo económico proviene precisamente de la iniciativa privada y de rescatar el papel que tiene el emprendedor como individuo en el proceso de desarrollo de una sociedad.

Como emprendedores latinos, aún no comprendemos que eso que llamamos capitalismo moderno (que muchos sectores se han encargado de satanizar), no se puede reducir en el apoyo a estructuras de mercados existentes, sino que por el contrario; debemos ver cómo se crean y cómo se deconstruyen estos mercados. Entendiendo que el pensamiento que debemos tener como ciudadanos emprendedores, es precisamente hacer una ruptura abrupta y creativa de estos procesos productivos que hemos venido trabajando, y concebir obligatoriamente al emprendedor latino, como aquella persona que innova o que hace posible las nuevas combinaciones de producción.

Es internalizar como emprendedores, si queremos en verdad generar cambios significativos en nuestro continente, que debemos dejar al lado la viveza criolla o el facilismo que nos brindó nuestra zona de confort empresarial. Que debemos innovar y empezar a pensar en grande, introduciendo nuevos bienes o servicios que mejoren la calidad de vida de nuestros consumidores locales y globales, mejorando la calidad de un bien o de un método de producción, aperturándonos a nuevos mercados desafiantes, tropicalizando quizás los sistemas productivos que adoptamos como nuestros;  y por qué no,  simplemente abriéndonos a la posibilidad de desarrollar una nueva forma organizacional que nos identifique como latinos productores, dejando así de consumir los que nos venden las grandes corporaciones extranjeras.

Es dejar de responsabilizar al externo de nuestro infortunio y tomar acción, es velar para que las escuelas enseñen a nuestros hijos a desarrollar su capacidad creativa e innovadora, es demandar al gobierno que pare de burocratizar y exprimir a la iniciativa privada, es dejar de ver a las grandes marcas como amenazas y empezar a percibirlas como aliadas.

Es asumir que el cambio comienza por casa, desde nosotros mismos; que cada crisis u obstáculo que afrontamos como pueblo latinoamericano es una oportunidad de cambio, de ingenio y de progreso; y que en esta nueva era, somos nosotros los individuos emprendedores quienes tenemos que atender el llamado de cambiar lo que ahora somos y empezar a construir lo que nos pertenece. Es dejar de pensar que somos la cenicienta del cuento y que realmente somos lo que nuestras acciones hagan para dejar de ser precisamente eso que somos y que no queremos ser nunca más .

About The Author

Licenciado en Educación de la Universidad Central de Venezuela, en las especialidades de “Desarrollo de los Recursos Humanos” y “Gerencia de Proyectos Sociales”, respectivamente. Ex profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, con diplomaturas avaladas por Universidades internacionales como: The George Washington University (EEUU) y Universidad de Salamanca (España). Con experiencia profesional como Gerente Público, Coach en Emprendimiento social y económico, Facilitador en Liderazgo Transformador y Consultor Organizacional. Actualmente se desempeña como Manager Inmobiliario en la trasnacional líder en Bienes Raíces en el Perú. Sígueme en Instagram: @Orlando_Emprende

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